Cómo escribir diálogos en una novela
El diálogo es lo primero que mira mucha gente al hojear una novela, y lo primero que delata a un autor sin oficio: personajes que se explican cosas que ya saben, que dicen exactamente lo que sienten, que «exclaman airadamente» cada dos líneas. Este módulo trabaja el diálogo con las reglas de las escuelas anglosajonas, que son pocas y muy claras, y con una cosa que ellas no pueden enseñarte: cómo se escribe un diálogo en español.
En una líneaEn resumen. Un buen diálogo de novela parece habla real sin serlo: sin saludos, muletillas ni explicaciones de lo que los personajes ya saben. Dice menos de lo que sienten los personajes (el subtexto), usa acotaciones mínimas y verbos de habla sencillos, y deja claro quién habla sin necesidad de acotar. En español, además, se puntúa con raya.
El diálogo no es una conversación
Anna Davis, directora de Curtis Brown Creative, empieza siempre por aquí: en la vida real no decimos las cosas completas, con cuidado y con las palabras correctas. Interrumpimos, dejamos frases a medias, contestamos a otra cosa. Y hablamos distinto según lo que nos está pasando y con quién hablamos.
Pero el diálogo de una novela tampoco es una transcripción. Si grabas una conversación real y la copias tal cual, es ilegible: saludos, muletillas, repeticiones, frases que no llevan a ninguna parte. El diálogo de novela es una conversación a la que se le ha quitado todo lo que sobra y se le ha dejado todo lo que suena a verdad.
En una líneaEl buen diálogo no copia cómo habla la gente. Da la impresión de que así es como habla la gente.
Lo que no se dice
La idea más importante del módulo la resume Anna Davis en una frase: gran parte de lo interesante de un diálogo es lo que no se dice, y a veces es ahí donde está la historia. Ya viste en el módulo 7 cómo lo formula el novelista Christopher Wakling: ¿qué no se está diciendo? En un buen diálogo, casi todo.
A eso se le llama subtexto: lo que los personajes quieren decir y no dicen, por educación, por miedo, por orgullo o porque mienten. El lector lo capta, y captarlo es uno de los placeres de leer.
Davis añade una técnica concreta: en la vida real ignoramos muchas preguntas, y a menudo por motivos que tienen interés dramático. Un personaje que no contesta, que contesta a otra cosa o que cambia de tema está diciendo mucho más que uno que responde.
La información disfrazada de diálogo
En los talleres norteamericanos tiene hasta nombre propio: «As you know, Bob», «Como ya sabes, Bob». Es el diálogo en el que un personaje le cuenta a otro algo que los dos ya saben, solo para que se entere el lector.
—Como sabes, Pedro, somos hermanos y llevamos veinte años sin hablarnos desde que papá murió y te quedaste con la casa del pueblo.
Nadie habla así. Anna Davis lo advierte: los personajes no deben soltar información cuando no parece una parte natural de lo que dirían. El lector lo nota enseguida, y en una pila de originales es una de las señales más rápidas de falta de oficio.
La solución casi nunca es quitar la información, sino hacer que salga del conflicto:
—¿Vas a venir al funeral o también te vas a quedar con eso?
Ahí están la muerte, el rencor y la herencia, y no hay ni una frase de explicación.
En una líneaSi un personaje le cuenta a otro algo que los dos ya saben, se lo está contando al lector. Y el lector se da cuenta.
Las acotaciones: menos es más
Las acotaciones son las intervenciones del narrador que indican quién habla y cómo: «dijo Marta», «contestó él». Elmore Leonard, autor de novela negra y del oeste y uno de los maestros del diálogo en Estados Unidos, publicó en 2001 en The New York Times sus diez reglas para escribir, y tres de ellas van directamente a esto:
- Regla 3: no uses nunca un verbo distinto de «dijo» para introducir el diálogo.
- Regla 4: no uses nunca un adverbio para modificar «dijo». Su ejemplo, burlón: «le amonestó gravemente».
- Regla 5: no más de dos o tres signos de exclamación por cada cien mil palabras.
Y su regla general, que vale para todo el curso: «Si suena a escrito, lo reescribo».
Anna Davis dice lo mismo desde Londres: nada de «objetó él», «rebatió ella»; con «dice» o «dijo» basta. Y añade la prueba definitiva: el lector debería saber quién habla sin necesidad de ninguna acotación.
Tres formas de acotar, de más a menos visible:
- Con verbo de habla: «—No pienso firmar —dijo Lucía.»
- Con una acción en lugar del verbo: «—No pienso firmar. —Lucía dejó el bolígrafo sobre la mesa.» La acción dice quién habla y, además, muestra algo.
- Sin acotación: cuando solo hablan dos personajes y sus voces se distinguen, muchas líneas pueden ir solas.
En España: la raya
Todo lo anterior viene de escuelas de lengua inglesa, donde el diálogo va entre comillas. En español, no. El diálogo se escribe con raya (—), un signo que muchos teclados no tienen a mano y que muchos autores sustituyen por un guion (-) o por comillas. Para un editor o un jurado, un original con los diálogos mal puntuados es un original que no ha pasado por nadie.
La Ortografía de la RAE fija las normas. Las principales:
- Cada intervención empieza con raya, pegada a la primera palabra: «—Ya voy.»
- Si el narrador interrumpe y el personaje sigue hablando, se abre y se cierra el inciso con raya: «—No pienso firmar —dijo Lucía—. Ni hoy ni nunca.»
- Si el narrador interviene al final y el personaje no sigue, no se escribe raya de cierre: «—No pienso firmar —dijo Lucía.»
- Con verbo de habla (decir, preguntar, contestar, añadir…), el inciso empieza en minúscula: «—¿Vienes? —preguntó.»
- Sin verbo de habla, el parlamento se cierra con punto y el inciso empieza en mayúscula: «—No se moleste. —Cerró la puerta y salió.»
- El punto, la coma, el punto y coma o los dos puntos van detrás de la raya de cierre, nunca delante: «—No lo sé —dijo—. Pregúntale a ella.»
- Los signos de interrogación y exclamación van antes del inciso, dentro del parlamento: «—¡Qué le vamos a hacer! —dijo resignada.»
Dónde consultar las normas completas
La RAE tiene las normas de la raya en diálogos en acceso libre, en la Ortografía de la lengua española: rae.es/ortografía/la-raya-como-signo-delimitador (se abre en una pestaña nueva). Y el Diccionario panhispánico de dudas tiene una entrada resumida: rae.es/dpd/raya (se abre en una pestaña nueva). En Word, la raya se escribe con Ctrl + Alt + signo menos del teclado numérico, o con Alt + 0151 en Windows.
Si quieres ver todos los usos de la raya, también fuera del diálogo, y en qué se diferencia del guion corto y de la semirraya, en Correctores.es tenemos una guía completa: Guiones largos: la raya y sus usos.
Pensamientos, recuerdos y sueños
El diálogo no es lo único que habla dentro de una novela. Los personajes también piensan, recuerdan y sueñan, y cada una de esas cosas tiene su forma de escribirse.
Pensamientos en estilo directo. Cuando reproduces lo que piensa un personaje con sus propias palabras, como si lo dijera, el Diccionario panhispánico de dudas indica que va entre comillas: «»Esto empieza mal», pensó Bastidas malhumorado». Muchas editoriales usan la cursiva en lugar de las comillas. Las dos soluciones son válidas; lo que no vale es mezclarlas en la misma novela.
«No pienso firmar», pensó Lucía, con el bolígrafo todavía en la mano.
Pensamientos en estilo indirecto libre. Es la forma más usada en la novela actual, y la que menos se nota: el pensamiento del personaje se funde con la voz del narrador, sin comillas, sin cursiva y sin «pensó». Es la técnica natural del narrador equisciente (apartado 3 del módulo 3).
Lucía dejó el bolígrafo en la mesa. No pensaba firmar. Ni hoy ni nunca, por mucho que Andrés llamara al notario.
El lector sabe que «no pensaba firmar» es lo que Lucía piensa, aunque nadie lo diga. Por eso funciona: el pensamiento entra sin interrumpir el texto.
Recuerdos y flashbacks. No necesitan ninguna marca tipográfica. Lo que necesitan es una entrada y una salida claras. La técnica más habitual es entrar con dos o tres verbos en pluscuamperfecto («había conocido», «habían comprado») y, en cuanto el lector ya está dentro del recuerdo, pasar al pretérito normal. Para salir, una frase que devuelva al presente de la escena. Un recuerdo entero en pluscuamperfecto se hace pesadísimo.
Andrés y ella habían comprado la casa un verano de hacía quince años. Había llovido toda la semana. Firmaron en una notaría de Castro Urdiales con la ropa todavía húmeda, y él le dio la llave en la puerta, como si fuera un anillo. Ahora esa misma llave estaba encima de la mesa, dentro de un sobre.
Sueños. Igual que los recuerdos: sin marca tipográfica, con una entrada y una salida claras. Y con cuidado: ya viste en el módulo 2 que empezar una novela con un sueño es uno de los arranques más gastados.
Un ejemplo: Lucía y Andrés discuten
En el módulo 5, Andrés aparecía en la casa de la costa y discutía con Lucía «como no discutían desde el divorcio». Esta es esa escena, escrita para el curso con casi todos los defectos del módulo.
—¡Andrés! ¿Qué haces aquí? -exclamó Lucía sorprendidísima.
—He venido porque el notario me ha dicho que no quieres firmar la venta de la casa que compramos juntos hace quince años -dijo Andrés enfadado.
—Es que no quiero venderla. Me he dado cuenta de que esta casa significa mucho para mí, y de que yo también tengo derecho a decidir -respondió Lucía con firmeza.
—¡Pues yo necesito el dinero! ¡Y además tú nunca quisiste venir aquí cuando estábamos casados! -gritó él furiosamente.
—Eso no es verdad, Andrés. Tú sabes perfectamente que yo siempre tuve miedo de que las cosas cambiaran, y por eso no venía -contestó ella tristemente.
Qué problemas tiene
- Información disfrazada: «la casa que compramos juntos hace quince años» y «el notario me ha dicho que no quieres firmar». Los dos lo saben; se lo están contando al lector.
- Todo dicho, nada callado: Lucía explica lo que siente («significa mucho para mí», «siempre tuve miedo de que las cosas cambiaran»). No queda subtexto.
- Acotaciones que hacen el trabajo: «sorprendidísima», «enfadado», «con firmeza», «furiosamente», «tristemente». Cinco intervenciones, cinco emociones anunciadas.
- Exclamaciones: cuatro signos de exclamación en cinco líneas. Leonard permitiría dos o tres en todo el libro.
- Voces iguales: si tapas las acotaciones, los dos hablan igual.
- Tipografía: guiones (-) en lugar de rayas en los incisos.
Ver una versión reescrita
Andrés no llamó al timbre. Entró por la puerta de la cocina, como cuando la casa era de los dos.
—Has pintado.
—Estaba desconchada.
—El notario dice que hay un problema con la escritura. —Dejó las llaves del coche en la encimera—. Qué casualidad.
—Yo no he hablado con el notario.
—Tú nunca hablas con nadie, Lucía. Llamas a una gestoría.
Ella siguió secando el mismo plato.
—¿Quieres un café?
—Quiero vender la casa.
—Eso ya lo sé. Te he preguntado si quieres un café.
Qué ha cambiado:
- Subtexto: nadie dice que la casa les importa, ni que Lucía tiene miedo, ni que él le reprocha el pasado. Todo está en «Has pintado», «como cuando la casa era de los dos» y «Tú nunca hablas con nadie».
- Preguntas ignoradas: Lucía contesta al reproche con un café. Andrés contesta al café con la venta. Ninguno responde a lo que le preguntan, que es la técnica de Anna Davis.
- Acciones en lugar de adverbios: las llaves en la encimera, el plato que no deja de secar. Ninguna emoción nombrada.
- Cero exclamaciones. La discusión es más tensa sin ellas.
- Voces distintas: él ataca con frases cortas e irónicas («Qué casualidad»); ella se protege con frases neutras y prácticas.
- Tipografía: rayas correctas, con el inciso cerrado antes del punto.
El trabajo
Ejercicio A — Transcribe una conversación real. Graba (con permiso) o anota lo más fielmente posible dos minutos de una conversación real. Transcríbela sin corregir nada. Luego conviértela en diálogo de novela: quita todo lo que sobra y deja lo que suena a verdad. Compara las dos versiones.
Ejercicio B — Tapa las acotaciones. Coge una escena con diálogo de tu novela, borra todas las acotaciones y dásela a alguien. Si no sabe quién dice cada línea, tus personajes hablan igual. Vuelve al módulo 3 y al 7.
Ejercicio C — Cazar el «como ya sabes». Relee tus diálogos buscando cualquier frase en la que un personaje le explique a otro algo que los dos ya saben. Subráyalas. Reescribe cada una para que la información salga del conflicto, como en el ejemplo del apartado 3.
Ejercicio D — Lo que no pueden decir. Elige la escena más importante entre dos personajes de tu novela. Escribe en una línea lo que de verdad se quieren decir. Ahora reescribe la escena con una condición: ninguno de los dos puede decir eso. Tienen que hablar de otra cosa.
Ejercicio E — La prueba de Leonard. En diez páginas de diálogo, cuenta los verbos de habla distintos de «dijo», «preguntó» y «contestó», los adverbios en -mente junto a un verbo de habla y los signos de exclamación. Por cada uno, pregúntate si el diálogo funcionaría sin él.
Ejercicio F — La auditoría de la raya. Busca en tu manuscrito todos los guiones cortos (-) y todas las comillas al principio de un parlamento. Comprueba cada inciso con las normas del apartado 5. Presta atención especial a dónde va el punto cuando se cierra un inciso.
Lecturas del módulo
Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama
Premio Nadal de 1955. Un grupo de jóvenes madrileños pasa un domingo de verano a orillas del río, y la novela está hecha casi entera de sus conversaciones: banales en apariencia, llenas de lo que no se dicen. Es la mejor lección de subtexto en español.
Carmen Martín Gaite, Entre visillos
Premio Nadal de 1957. Las conversaciones de unas chicas en una capital de provincias de los años cincuenta. Fíjate en cómo cada una tiene su manera de hablar y en todo lo que callan.
Ernest Hemingway, «Colinas como elefantes blancos»
Un cuento de cinco páginas. Léelo sabiendo que el tema del que hablan nunca se nombra, y luego intenta decir de qué hablan.
Elmore Leonard, Get Shorty (o cualquiera de sus novelas)
Para ver sus reglas aplicadas: diálogos rápidos, casi sin acotaciones, en los que cada personaje suena distinto. Si lees inglés, busca también su artículo de las diez reglas en The New York Times (2001), o el librito que se publicó después con el título 10 Rules of Writing.
RAE, Ortografía de la lengua española, apartado de la raya
No es una lectura, es una consulta: tenla abierta cuando revises tus diálogos. Está en acceso libre en la web de la RAE.
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Fuentes
- Anna Davis (Curtis Brown Creative), «How to write great dialogue in fiction»: https://curtisbrowncreative.co.uk/blog/how-to-write-great-dialogue-in-fiction (se abre en una pestaña nueva)
- Elmore Leonard, «Easy on the Adverbs, Exclamation Points and Especially Hooptedoodle», The New York Times, serie «Writers on Writing», 16 de julio de 2001.
- Real Academia Española, Ortografía de la lengua española, «La raya como signo delimitador»: rae.es/ortografía/la-raya-como-signo-delimitador (se abre en una pestaña nueva)
- Real Academia Española, Diccionario panhispánico de dudas, «raya»: rae.es/dpd/raya (se abre en una pestaña nueva)