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Módulo 03 de 13

Voz propia: tipos de narrador y punto de vista

Hay libros que se reconocen por una frase suelta, sin ver la portada. Eso es la voz. No es el estilo bonito ni el vocabulario rico: es que el texto suena a alguien concreto. Y la voz depende, antes que de nada, de quién cuenta la historia. Este módulo repasa todos los tipos de narrador, con ejemplos, y trabaja cómo encontrar una voz, cómo sostenerla durante trescientas páginas y cómo distinguirla de la de tus personajes.

10 apartados tipos de narrador narrador omnisciente narrador en segunda persona voz narrativa punto de vista voz de personaje leer en voz alta 1 ficha para tu dossier
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Qué es la voz

Ursula K. Le Guin, en su manual Steering the Craft, trata la voz y el punto de vista casi como una sola cosa: la voz es la autenticidad con la que se cuenta una historia, y depende directamente de desde dónde se cuenta. No es un adorno que se añade a la prosa. Es la prosa.

Lucy Courtenay, novelista y tutora de Curtis Brown Creative, lo describe con una imagen útil: un personaje con voz «se despega de la página y te susurra al oído». Y añade la prueba contraria: un personaje sin voz es «solo un nombre y una descripción física», con emociones que se cuentan pero no se oyen.

En una líneaLa voz no es escribir bonito. Es que se note quién está hablando aunque tapes el nombre del autor.

Más información
En España. Pocos autores se reconocen tan rápido por la voz como Camilo José Cela en La familia de Pascual Duarte o Miguel Delibes en Cinco horas con Mario, un monólogo entero de más de trescientas páginas en la voz de una viuda velando a su marido, sin que el narrador intervenga casi nunca. Y en el extremo contrario, Javier Marías construye frases larguísimas, llenas de matices e incisos, que son inconfundiblemente suyas en cualquier novela que escriba. Tres formas de voz muy distintas, y las tres reconocibles.
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Los cinco puntos desde donde se puede contar

Le Guin distingue cinco posiciones desde las que un narrador puede contar una historia, y cada una lleva su propia voz:

  1. Primera persona. El narrador es un personaje y cuenta lo que vive. Acceso íntimo a sus pensamientos, pero solo a los suyos.
  2. Tercera persona limitada. El narrador cuenta desde fuera, pero solo sabe lo que sabe un personaje concreto.
  3. Autor omnisciente. El narrador lo sabe todo, de todos los personajes, y puede moverse entre sus cabezas.
  4. Autor distanciado. El narrador cuenta desde fuera y no entra en la cabeza de nadie: describe lo que se ve y se oye.
  5. Narrador-observador. Un personaje secundario cuenta la historia de otro, presente en la escena pero no en el centro.

No hay una posición mejor que otra. Lo que Le Guin advierte es que cambiar de una a otra sin avisar, dentro de la misma escena, desorienta al lector. Los cambios de punto de vista son legítimos —muchas novelas alternan capítulos en primera persona de personajes distintos— pero cada cambio necesita una señal clara (un cambio de capítulo, un nombre en el encabezado) y un motivo.

Más información
Le Guin insiste en un peligro concreto de la primera y la tercera persona limitada: convertir al personaje en un altavoz del autor. Un personaje con voz propia dice cosas con las que el autor no estaría de acuerdo, o que no diría de esa manera. Si todos tus personajes suenan igual y piensan igual que tú, no tienen voz: tienen la tuya puesta encima.
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Los tipos de narrador, con los nombres que se usan en España

Las cinco posiciones de Le Guin son una herramienta de taller. En los colegios, las facultades y los manuales españoles se usan otros nombres, que conviene conocer porque son los que vas a encontrar en cualquier otro sitio. Muchos vienen del teórico francés Gérard Genette, que en Figuras III (1972) clasificó a los narradores según dos preguntas: si el narrador participa en la historia que cuenta, y cuánto sabe.

Según participe o no en la historia:

  • Narrador homodiegético: forma parte de la historia que cuenta. Escribe en primera persona.
    • Protagonista (Genette lo llama autodiegético): cuenta su propia historia. La familia de Pascual Duarte.
    • Testigo: un personaje secundario cuenta la historia de otro. Es el narrador-observador de Le Guin. El doctor Watson en las novelas de Sherlock Holmes.
  • Narrador heterodiegético: no forma parte de la historia. Escribe en tercera persona.

Según lo que sabe:

  • Omnisciente: lo sabe todo, de todos los personajes, incluidos sus pensamientos, su pasado y su futuro. Puede opinar y adelantar acontecimientos. Es el autor omnisciente de Le Guin y el narrador de la novela del siglo XIX: La Regenta, Fortunata y Jacinta.
  • Equisciente: sabe lo mismo que un personaje, ni más ni menos, y cuenta la historia pegado a él. Es la tercera persona limitada de Le Guin, y la más usada en la novela actual.
  • Objetivo: solo cuenta lo que se ve y se oye, como una cámara, sin entrar en la cabeza de nadie. Es el autor distanciado de Le Guin. Hemingway, en «Colinas como elefantes blancos» (módulo 8).
  • Deficiente: sabe menos que los personajes, y el lector descubre las cosas a la vez que él o después.
Nombre en españolPosición de Le GuinPersona gramatical
ProtagonistaPrimera personaPrimera
TestigoNarrador-observadorPrimera
OmniscienteAutor omniscienteTercera
EquiscienteTercera persona limitadaTercera
ObjetivoAutor distanciadoTercera
En segunda persona(no la trata aparte)Segunda

El narrador en segunda persona es el más raro y el que más curiosidad despierta. El narrador se dirige a un «tú» que es el propio protagonista, como si le contara lo que está haciendo. El ejemplo más famoso en español es Aura, de Carlos Fuentes (1962), escrita entera en segunda persona. Italo Calvino la usa en Si una noche de invierno un viajero para dirigirse al propio lector. Tiene un efecto muy fuerte, porque mete al lector dentro del personaje, pero cansa pronto y se nota mucho: funciona mejor en novelas cortas, en capítulos concretos o en momentos en los que el personaje se habla a sí mismo.

Un mismo momento, seis narradores. Lucía abre el sobre de Andrés en la gestoría, la escena del módulo 2. Así la contaría cada tipo de narrador:

Protagonista: Reconocí la letra de Andrés antes de leer mi nombre. Once años sin mandarme nada al despacho, y ahora esto.

Testigo: Lucía se quedó mirando el sobre como si le hubieran dejado una bomba en la mesa. Yo llevaba seis años sentada enfrente y nunca le había visto esa cara.

Segunda persona: Reconoces la letra antes de leer tu nombre. Once años sin que te mande nada al despacho. Dejas el sobre en la mesa y te dices que no vas a abrirlo.

Omnisciente: Lucía reconoció la letra de Andrés, y no podía saber que él había tardado tres semanas en decidirse a escribir su nombre en aquel sobre, ni que al otro lado de la ciudad estaba esperando, con el móvil en la mano, a que ella llamara.

Equisciente: Lucía reconoció la letra de Andrés antes que su propio nombre. Once años sin mandarle nada al despacho. Dejó el sobre sobre la mesa, boca abajo.

Objetivo: Lucía cogió el sobre, lo miró por las dos caras y lo dejó sobre la mesa, boca abajo. Luego se levantó y fue hacia la máquina de café.

Qué cambia en cada uno
  • Protagonista: acceso a lo que siente, pero con su sesgo. Todo lo que sabemos lo sabemos por ella.
  • Testigo: vemos a Lucía desde fuera, a través de alguien que la observa. Ganamos misterio y perdemos intimidad.
  • Segunda persona: la misma intimidad que la primera persona, pero con una distancia extraña, como si Lucía se viera a sí misma desde fuera.
  • Omnisciente: el narrador sabe lo que Lucía no sabe (lo que siente Andrés). Crea una ironía que ninguno de los otros permite.
  • Equisciente: pegado a Lucía, pero sin su voz en primera persona. El lector siente lo que ella siente sin que ella lo diga.
  • Objetivo: solo gestos. No sabemos qué piensa; lo deducimos del sobre boca abajo y de que se levanta.

Ejercicio: identifica al narrador. Estos cinco fragmentos están escritos para el curso. Di qué tipo de narrador tiene cada uno antes de abrir las soluciones.

1. Merino encendió la luz del portal. No sabía que el hombre del abrigo gris le miraba desde la ventana del segundo piso, ni que lo iba a seguir mirando durante tres noches más.

2. Abres la puerta de la comisaría y todos se callan. Sabes por qué. Te sientas sin quitarte el abrigo.

3. El subinspector llegó a las nueve y cuarto. Se sentó en el banco, sacó un cigarro, no lo encendió. A las nueve y media se levantó y se fue.

4. Llevaba veinte años trabajando con Merino y aquella fue la primera vez que le vi guardarse una prueba en el bolsillo.

5. Merino pensó que la mujer del banco no tenía cara de haberse muerto de frío. Tenía cara de haber estado esperando a alguien.

Ver las soluciones
  1. Omnisciente. El narrador sabe lo que Merino no sabe (que le vigilan) y adelanta el futuro (tres noches más).
  2. Segunda persona. El narrador habla a un «tú» que es el protagonista.
  3. Objetivo. Solo acciones visibles: no sabemos qué piensa ni por qué no enciende el cigarro.
  4. Testigo. Un compañero cuenta, en primera persona, algo que ha visto hacer a Merino.
  5. Equisciente. Tercera persona, pero dentro de la cabeza de Merino y solo de la suya.
Infografía: los tipos de narrador (protagonista, testigo, en segunda persona, omnisciente, equisciente y objetivo) y su equivalencia con las posiciones de Le Guin.
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Cómo se encuentra

Métete en la cabeza, no en la biografía. Courtenay recomienda escribir directamente desde dentro del personaje, en primera persona, aunque la novela vaya a ir en tercera: «Una manera de oír la voz de un personaje es meterte en su cabeza, detrás de sus ojos, y escribir desde un punto de vista en primera persona.» No hace falta usar ese texto en la novela. Sirve para oír cómo habla ese personaje antes de decidir cómo vas a contarlo.

Lee en voz alta. Francine Prose, en Reading Like a Writer, da una prueba muy simple para detectar cuándo una frase no tiene voz, o tiene la voz equivocada: leerla en voz alta. «Si no lo dirías, no lo escribas. Si no te sale de la boca, es bastante probable que no deba estar en la página.» Es la manera más rápida de detectar la prosa impostada, la que suena a «Escritura con mayúscula», llena de palabras que el propio autor no usaría hablando.

Lee como escritor, no como lector. El método de Prose para todo el libro es leer despacio y preguntarse por qué el autor eligió esa palabra y no otra, por qué esa frase es corta y la siguiente larga. No busca reglas: busca decisiones. Su consejo final es contundente y nada místico: «la respuesta es leer y escribir».

En una líneaLa voz no se inventa de la nada. Se encuentra leyendo en voz alta hasta que una frase suena a alguien, y esa persona no eres exactamente tú.

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Un mismo hecho, tres voces

Este ejercicio está escrito para el curso. Un hombre pierde el autobús. Ese hecho, contado por tres voces distintas.

Voz 1 — un adolescente, en primera persona, atropellado y coloquial:

Vale, o sea, llego corriendo, el autobús ya estaba cerrando las puertas y el conductor me mira, me MIRA, y arranca. En serio. Como si yo fuera invisible. Y ahora qué, ¿me quedo aquí una hora esperando el siguiente? Genial. Perfecto. Justo hoy.

Voz 2 — un hombre mayor, en primera persona, resignado y con frases cortas:

El autobús se fue. Como siempre. Me quedé de pie en la acera, con la bolsa de la compra, mirando cómo se alejaba. No dije nada. Ya no vale la pena decir nada.

Voz 3 — tercera persona limitada, distanciada, casi clínica:

Llegó a la parada tres segundos después de que las puertas se cerraran. El autobús arrancó sin que el conductor lo viera, o sin que quisiera verlo. Se quedó allí, calculando cuánto tardaría el siguiente.

Qué hace que cada voz sea distinta
  • Voz 1: vocabulario oral («o sea», «en serio»), mayúsculas para el énfasis, frases cortadas, signos de exclamación, autocompasión exagerada («justo hoy»). Es la voz que se oye en la cabeza de quien la escribe, no la que usaría al redactar un informe.
  • Voz 2: frases muy cortas, verbos en pasado simple, nada de adjetivos, una resignación que no se explica, se muestra (no dice «estoy resignado», dice «ya no vale la pena decir nada»).
  • Voz 3: verbos más neutros, una explicación doble («sin que lo viera, o sin que quisiera verlo») que es del narrador, no del personaje: aquí la voz es la del narrador, no la del hombre. Es la posición 2 de Le Guin (tercera persona limitada), y aun así tiene un tono propio: observador, un poco irónico.

El hecho es el mismo. Lo que cambia es quién lo cuenta y desde dónde. Eso es la voz.

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La voz del personaje contra la voz del narrador

Un error frecuente en primeras novelas es que todos los personajes hablen igual que el narrador, o igual entre ellos. Le Guin lo llama convertir a los personajes en altavoces. La prueba es sencilla: tapa las acotaciones («dijo Marta», «contestó Pedro») en un diálogo de tu novela. Si no puedes saber quién habla, tus personajes no tienen voz propia, aunque tu narrador la tenga.

Más información
Este curso tiene un ejercicio propio pensado exactamente para esto: el de las dos voces, donde se corrige un mismo fragmento respetando la voz de dos autores distintos. Es el mismo principio que este módulo, aplicado a la corrección en lugar de a la escritura: una intervención puede ser correcta y, aun así, borrar la voz.
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El trabajo

Ejercicio A — El mismo hecho, tres voces. Elige un hecho pequeño y neutro (alguien pierde un tren, se le cae el móvil, llega tarde a una cena). Escríbelo en tres voces distintas, como en el apartado 5: alguien joven y atropellado, alguien mayor y parco, y una tercera persona limitada y distanciada. No copies las voces del ejemplo: invéntate las tuyas.

Ejercicio B — Detrás de sus ojos. Coge a tu protagonista y escribe media página en primera persona, desde dentro de su cabeza, sobre algo que no está en tu novela: qué desayuna, qué piensa de un vecino, qué le molesta de su trabajo. No es para publicar. Es para oír cómo habla cuando nadie le está poniendo palabras en la boca.

Ejercicio C — Leer en voz alta. Coge una página cualquiera de tu novela y léela en voz alta, entera, sin pararte a corregir. Marca cada frase en la que tropieces, en la que te oigas raro, o en la que pienses «yo no diría esto así». Esas frases son sospechosas de no tener tu voz, o la voz del personaje que las dice.

Ejercicio D — La prueba de las acotaciones. Coge un diálogo de tu novela entre dos personajes y tapa quién dice cada línea. Pídele a alguien que no conozca la novela que intente adivinarlo. Si no puede, tus personajes están hablando con la misma voz.

Ejercicio E — Elige tu punto de vista, a propósito. Escribe la misma escena de tu novela dos veces: una en primera persona y otra en tercera persona limitada. Compara cuál te da más acceso a lo que necesitas contar y cuál suena más tuya. No es que una esté bien y otra mal: es una decisión, y conviene tomarla a propósito y no por costumbre.

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Lecturas del módulo

Para leer

Miguel Delibes, Cinco horas con Mario

Lee cualquier fragmento del monólogo de Carmen. Fíjate en cómo una sola voz, sin apenas intervención del narrador, sostiene una novela entera y va revelando, sin decirlo directamente, quién es ella y quién era Mario.

Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte

Un narrador en primera persona con una voz muy marcada, cruda y directa desde la primera línea. Compárala con la voz de Delibes: dos primeras personas españolas y clásicas, y no podrían sonar más distintas.

Juan Rulfo, Pedro Páramo

Ya lo viste en el módulo 2 por su comienzo. Vuelve a él aquí para la voz: Rulfo mezcla varias voces narrativas (vivos y muertos) sin perder nunca el tono seco y lacónico que es suyo en todo el libro.

Carlos Fuentes, Aura

Una novela corta escrita entera en segunda persona. Se lee en una tarde y es la mejor forma de comprobar lo que hace ese narrador, y lo que cuesta sostenerlo.

Ursula K. Le Guin, Steering the Craft (en inglés)

El libro en que se basan los apartados 1 y 2. Los capítulos sobre punto de vista y voz vienen con ejercicios prácticos.

Francine Prose, Reading Like a Writer (en inglés)

Para el apartado 4. Un libro para leer despacio, no de una sentada: cada capítulo se detiene en una decisión de estilo de un autor concreto.

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Ficha del módulo 03

Tu voz y la de tus personajes

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Fuentes

  • Ursula K. Le Guin, Steering the Craft: A Twenty-First-Century Guide to Sailing the Sea of Story, Mariner Books.
  • Lucy Courtenay (Curtis Brown Creative), «How to find the right narrative voice for your novel»: https://curtisbrowncreative.co.uk/blog/how-to-find-narrative-voice (se abre en una pestaña nueva)
  • Gérard Genette, Figuras III (1972); en castellano, Lumen.
  • Francine Prose, Reading Like a Writer: A Guide for People Who Love Books and for Those Who Want to Write Them, Harper Perennial.

Si quieres una segunda mirada

Una voz que se pierde a mitad de la novela, o que cambia sin motivo entre capítulos, es de lo más difícil de ver por el propio autor: se ha acostumbrado a su propio sonido. Una corrección de estilo revisa justamente eso, la coherencia de la voz de principio a fin.

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