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Módulo 07 de 13

Personajes con deseo y contradicción

Un personaje no se sostiene porque esté bien descrito. Se sostiene porque quiere algo, porque se equivoca sobre lo que necesita y porque tiene dentro dos cosas que no casan. Este módulo trabaja esas tres piezas con las herramientas de las escuelas británicas y norteamericanas, y te enseña a mostrar a tu personaje con objetos, gestos y silencios en lugar de con fichas.

11 apartados personaje deseo necesidad mentira del personaje contradicción personaje redondo personaje plano protagonista pasivo subtexto 1 ficha para tu dossier
1

El personaje que ocupa un sitio

En el módulo 2 viste lo que dijo la agente Juliet Mushens en una mesa redonda del Bath Novel Award sobre los manuscritos que rechaza: hay novelas en las que los personajes no parecen personas, sino algo que ocupa un sitio en la trama. Es una de las quejas más repetidas de quienes leen originales.

Ese personaje suele tener tres síntomas:

  • No quiere nada concreto. Le pasan cosas, reacciona, pero no persigue nada.
  • No se equivoca en nada importante. Es razonable, bueno, sensato. Hace lo que haría cualquiera.
  • Es coherente del todo. Todo lo que hace encaja con lo que el lector ya sabe de él. Nunca sorprende.

Este módulo ataca los tres, uno por uno.

En una líneaUn personaje no es lo que es. Es lo que quiere, lo que cree que necesita y lo que hace cuando las dos cosas chocan.

2

El deseo: el personaje quiere algo

La novelista estadounidense K. M. Weiland, autora de Creating Character Arcs y una de las profesoras de escritura más seguidas en Estados Unidos, parte de una distinción que ya has visto asomar en los módulos 4 y 5: la diferencia entre lo que el personaje quiere y lo que necesita.

Lo que quiere es casi siempre externo y concreto: un puesto, una persona, una casa, dinero, venganza, que le dejen en paz. Es el objetivo que persigue durante la mayor parte del libro, y es lo que mueve la historia de los hechos.

Un protagonista que no quiere nada concreto es un protagonista pasivo: la trama le arrastra. Es de los defectos más frecuentes en primeras novelas, sobre todo en las de tono literario, donde el autor confunde la contención con la inacción. Un personaje puede ser callado, tímido o reservado, y aun así querer algo con todas sus fuerzas.

Más información
La prueba más rápida: al final de cada capítulo de tu primer acto, pregúntate qué quería tu protagonista al empezarlo y si ha hecho algo para conseguirlo. Si la respuesta es «nada» varios capítulos seguidos, tienes un protagonista pasivo.
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La necesidad y la mentira

Lo que el personaje necesita, según Weiland, es interno: una verdad sobre sí mismo o sobre el mundo que resolvería su problema de fondo. Y casi nunca coincide con lo que quiere.

Entre las dos cosas está lo que Weiland llama la mentira que cree el personaje: una idea equivocada sobre sí mismo o sobre la vida que le hace perseguir lo que quiere en lugar de lo que necesita. Para Weiland, esa mentira es el motor de todos los arcos de personaje: los personajes, dice, a menudo no trabajan hacia la solución real, sino hacia la que ellos creen que es la solución.

El ejemplo más claro es de dominio público: Ebenezer Scrooge, en Cuento de Navidad de Dickens.

  • Quiere: dinero, y que nadie le moleste.
  • Necesita: volver a conectar con los demás.
  • La mentira: que el dinero es lo único que protege de la desgracia.

Todo el libro consiste en desmontar esa mentira. Cuando cae, Scrooge deja de querer lo que quería.

En una líneaLo que el personaje quiere mueve la trama. Lo que necesita mueve el libro. La mentira es lo que los separa.

Esto enlaza con lo que ya has trabajado: la historia de los hechos y la historia interior de Yorke (módulo 4) son lo que quiere y lo que necesita. Y el momento espejo de Bell (módulo 5) es muchas veces el instante en que la mentira empieza a resquebrajarse.

Infografía: lo que quiere, lo que necesita y la mentira de dos personajes de novela.
4

La contradicción

Nathan Bransford, que fue agente literario en Curtis Brown en Estados Unidos y es autor de How to Write a Novel, defiende que los personajes más memorables tienen una contradicción interna. Sus ejemplos:

  • James Bond: capaz de las acciones más brutales y, a la vez, un sibarita refinado.
  • Hannibal Lecter: un caníbal encantador, culto y educado.
  • Dolores Umbridge, de Harry Potter: una persona obsesionada con las normas cuya obediencia a las normas la convierte en malvada.

Según Bransford, estos personajes funcionan porque resultan verdaderos (las personas reales son contradictorias) y porque dan ganas de saber más: cuando no conseguimos encajar dos facetas de un personaje, nos intriga.

Mucho antes, en 1927, el novelista británico E. M. Forster había dado la prueba definitiva en Aspectos de la novela, donde distinguía entre personajes planos y redondos. Los planos se pueden resumir en una frase. Los redondos, no. Y la prueba de que un personaje es redondo, según Forster, es que sea capaz de sorprender de una manera convincente.

Más información
En España. La novela realista española del siglo XIX está llena de personajes redondos de manual. En La Regenta, de Clarín, Ana Ozores es a la vez devota sincera y mujer asfixiada por el deseo; y el magistral Fermín de Pas, su confesor, es un sacerdote brillante devorado por la ambición y por algo que no puede confesarse a sí mismo. Y antes, el Lazarillo y la picaresca: narradores que se presentan como víctimas mientras cuentan, con toda tranquilidad, cómo engañan a los demás. La contradicción no es un invento de los talleres anglosajones; lo que ellos han hecho es convertirla en una herramienta que se puede aplicar a propósito.

Contradicción no es incoherencia. Un personaje incoherente hace cosas que no casan sin ningún motivo: el autor lo necesitaba para la trama. Un personaje contradictorio hace cosas que no casan por un motivo que el lector puede entender, aunque tarde en descubrirlo. Bransford lo explica así: el trabajo del autor es reconciliar las dos caras con la historia previa, la voz y los puntos fuertes y débiles del personaje.

5

Mostrar al personaje sin describirlo

Curtis Brown Creative recoge en su blog cuatro maneras de hacerlo, de cuatro profesionales distintos. Las cuatro sirven para revisar una novela terminada.

Objetos cotidianos. El novelista Simon Wroe, tutor de la escuela, recomienda revelar al personaje con objetos corrientes bien elegidos, en lugar de nombrar sus rasgos. No digas que es maniático: enséñanos los libros ordenados alfabéticamente, las tazas con el asa hacia el mismo lado, el cuadro que endereza cada vez que pasa.

Lo que no se dice. El novelista Christopher Wakling lo resume en una pregunta: ¿qué no se está diciendo? En un buen diálogo, casi todo. Los personajes callan por educación, por miedo o por mentir, y en lo que callan se ve quiénes son. Lo trabajaremos a fondo en el módulo 8.

Una vida entera detrás. El agente Jonny Geller, de Curtis Brown, insiste en que cada personaje está viviendo un momento que tiene que ser verdadero. El autor tiene que conocer su historia, sus motivos y su contexto, aunque casi nada de eso llegue a la página.

El contexto social y la mirada. La novelista Haleh Agar, también en el blog de la escuela, añade dos: un personaje es inseparable de su contexto social, y cuanto más concreto sea lo que un personaje observa, más creíble resulta. Lo que tu personaje se fija al entrar en una habitación dice más de él que cualquier descripción.

En una líneaNo digas que tu personaje es ordenado. Enséñanos su cajón.

6

Un ejemplo: la ficha contra el cajón

Este fragmento está escrito para el curso. Presenta a un personaje con el método de la ficha.

Tomás tenía cincuenta y ocho años y era profesor de latín en un instituto de Zamora. Era un hombre serio, muy responsable y bastante tímido, que se había quedado viudo joven y había criado solo a su hija. Era muy estricto con sus alumnos, pero en el fondo era una persona sensible. Le gustaba la música clásica y pasear.

Qué le pasa
  • Todo está contado: «serio», «responsable», «tímido», «sensible». El lector no ve nada de eso; se lo dicen.
  • «En el fondo era una persona sensible» es el intento de contradicción, pero anunciado en lugar de mostrado. No sorprende: está resuelta antes de que ocurra.
  • No hay deseo: no sabemos qué quiere Tomás.
  • Es un personaje que se resume en una frase. Plano, en el sentido de Forster.
Ver una versión con objetos, deseo y contradicción

Tomás corregía los exámenes de latín con un bolígrafo rojo que no dejaba a nadie, ni a su hija cuando era pequeña. Ponía los ceros sin dudar. Luego, antes de devolverlos, buscaba en cada examen suspenso una frase bien traducida y la subrayaba en verde, con cuidado, para que no se notara que la había buscado. Llevaba tres meses preparando la carta de jubilación anticipada. Seguía en el cajón, debajo de los exámenes.

Qué ha cambiado:

  • Objetos: el bolígrafo rojo que no presta, el verde, la carta en el cajón. Ningún adjetivo sobre su carácter.
  • Contradicción mostrada: pone ceros sin dudar y busca a escondidas algo que salvar en cada suspenso. Estricto y tierno a la vez, y el lector lo descubre en lugar de que se lo cuenten.
  • Deseo: quiere irse, jubilarse. Y no se atreve: la carta lleva tres meses en el cajón. Ya hay una pregunta.
  • La edad, la ciudad, la viudedad y la música pueden llegar después, cuando hagan falta.
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Los personajes del curso, por dentro

Seguimos con los dos personajes que nos acompañan desde el módulo 2. Así quedan con las herramientas de este módulo.

Lucía (la gestoría, la casa de la costa):

  • Quiere: que no cambie nada. Firmar la venta sin tener que ir a la casa ni ver a Andrés.
  • Necesita: aceptar que no todo se puede controlar, y vivir de todos modos.
  • La mentira: «si todo está en orden, nada puede hacerme daño».
  • Contradicción: la persona más ordenada de la gestoría guarda en un cajón de casa, sin abrir, todas las cartas del banco desde el divorcio.

Merino (el policía del Campo Grande):

  • Quiere: resolver el caso.
  • Necesita: aprender a confiar en alguien.
  • La mentira: «solo puedo fiarme de mí».
  • Contradicción: el investigador más metódico de la comisaría, el que se fija en un botón mal abrochado, es el mismo que se guarda una prueba en el bolsillo sin avisar a nadie. Es el final de capítulo que escribimos en el módulo 6: ahora ya sabes por qué no llamó.

Fíjate en que la contradicción de cada uno sale de su mentira. No es un rasgo pintoresco añadido: es el punto exacto donde la mentira se nota.

8

El trabajo

Ejercicio A — La entrevista. Anna Davis propone entrevistar a tu personaje, por escrito y en primera persona: qué le da miedo, cuál es su primer recuerdo, qué hizo la última vez que lloró, qué no le ha contado nunca a nadie. La prueba, según Davis, es esta: si al contestar te das cuenta de que respondes tú y no él, todavía no lo has creado.

Ejercicio B — Quiere, necesita, mentira. Escribe en tres líneas lo que quiere tu protagonista, lo que necesita y la mentira que los separa, como en el apartado 7. Si las dos primeras líneas dicen lo mismo, tu personaje no tiene arco: no va a cambiar.

Ejercicio C — La contradicción. Escribe dos rasgos de tu protagonista que no casen entre sí. Luego escribe, en una línea, por qué los tiene los dos. Si no sabes el porqué, busca en su mentira.

Ejercicio D — El cajón. Describe en un párrafo un sitio de tu protagonista (su mesa de trabajo, su bolso, su nevera, su coche) con tres objetos concretos. Ninguno puede ir acompañado de un adjetivo sobre su carácter. Dáselo a alguien y pregúntale cómo cree que es esa persona.

Ejercicio E — ¿Decide o le pasan cosas? Repasa las primeras cincuenta páginas de tu novela. Haz dos columnas: lo que tu protagonista decide y lo que le pasa. Si la segunda columna es mucho más larga que la primera, tu protagonista es pasivo.

Ejercicio F — El antagonista también quiere. Haz el ejercicio B con tu antagonista, o con el personaje que más se opone a tu protagonista. Un antagonista que solo quiere hacer daño es plano. Uno que quiere algo razonable desde su punto de vista, y cuya mentira choca con la del protagonista, es un rival de verdad.

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Lecturas del módulo

Para leer

Leopoldo Alas, Clarín, La Regenta

Para ver dos personajes redondos en la literatura española: Ana Ozores y el magistral. Fíjate en cómo Clarín muestra las contradicciones de los dos con gestos y pensamientos, sin juzgarlos. Es de dominio público.

Charles Dickens, Cuento de Navidad

El ejemplo más limpio de quiere, necesita y mentira. Se lee en una tarde. Léelo con el apartado 3 delante.

Thomas Harris, El silencio de los corderos

Para ver a Lecter, el ejemplo de contradicción de Bransford, y cómo Harris lo revela poco a poco a través de lo que Clarice observa.

J. K. Rowling, Harry Potter y la Orden del Fénix

Para Umbridge: una villana cuya maldad sale de una virtud llevada al extremo, el respeto a las normas.

E. M. Forster, Aspectos de la novela

El libro de 1927 donde aparecen los personajes planos y redondos. Son conferencias, se leen muy bien, y el capítulo sobre personajes sigue siendo de lo mejor que se ha escrito sobre el tema.

K. M. Weiland, Creating Character Arcs (en inglés)

La base de los apartados 2 y 3. Sigue los tres tipos de arco (positivo, negativo y plano) con ejemplos de novelas y películas.

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Tu ficha

Ficha del módulo 07

Tu protagonista por dentro

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Fuentes

Si quieres una segunda mirada

Es muy difícil ver desde dentro si un personaje es plano: el autor lo conoce entero y rellena sin darse cuenta lo que falta en la página. Un informe de lectura te dice cómo llegan tus personajes a un lector que solo tiene lo que has escrito: si se entiende qué quieren, si sorprenden y si cambian.

Informe de lectura en Correctores.es →

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