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Módulo 02 de 13

La primera página como filtro

La primera página no presenta tu novela: decide si alguien va a leerla. En una editorial, en un concurso o en la muestra gratuita de Amazon, es el único trozo que lee todo el mundo. Este módulo te enseña a leerla como la leen ellos y a reescribirla para que pase.

11 apartados primera página primera línea suceso detonante antecedentes arranques gastados género pregunta central 1 ficha para tu dossier
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La única página que lee todo el mundo

En el módulo 1 viste que quien decide lee buscando la primera razón para dejarlo. La primera página es donde más razones encuentra, porque es la única que llega a todos los lectores.

Los concursos británicos lo dejan claro en sus propias bases. El Bath Novel Award, uno de los premios para novela inédita más seguidos por los agentes del Reino Unido, no pide la novela entera: pide hasta 5.000 palabras del principio y una sinopsis de una página, sin el nombre del autor. Si ese arranque no convence, lo demás no se lee. Las agencias británicas y norteamericanas funcionan igual con sus tres primeros capítulos.

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En España. Aquí los grandes concursos piden la novela completa (el Nadal, por ejemplo, exige un mínimo de 150 páginas), pero eso no quiere decir que se lea completa. Cuando llegan cientos de originales, hay una primera lectura que criba antes de que nada llegue al jurado, y esa criba se decide en las primeras páginas. Con las editoriales pasa lo mismo: quien abre tu envío lee el principio y decide. Y en Amazon, la muestra gratuita de un libro electrónico es el 10 % del principio del libro: todo lo que el lector ve antes de pagar.

En una líneaLa primera página no tiene que ser bonita. Tiene que conseguir que se lea la segunda.

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Qué tiene que hacer una primera página

Anna Davis, fundadora y directora de Curtis Brown Creative, la escuela de escritura de la agencia londinense Curtis Brown, lo resume en seis tareas:

  1. Presentar a un personaje, y a ser posible al protagonista.
  2. Situar dónde y cuándo ocurre lo que se cuenta.
  3. Dejar claro el género. En novela de género (policiaca, romántica, fantasía…), la primera página tiene que cumplir lo que espera ese lector.
  4. Marcar el tono del libro.
  5. Plantear la pregunta central, si la novela gira en torno a una.
  6. Que pase algo. Que la historia arranque desde la primera línea.

No hace falta cumplir las seis de forma aparatosa. Hace falta que, al terminar la página, el lector sepa con quién está, dónde está, qué clase de libro tiene entre manos y por qué debería seguir.

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«Que pase algo» no quiere decir una explosión. En una mesa redonda del Bath Novel Award, la editora Dionne McCulloch elogió una novela ganadora cuya primera escena consistía en que una mujer se cruza con un hombre en un supermercado y luego le manda un mensaje. «Eso es todo lo que pasa», dijo, pero en la escritura había mucho más. Lo que pasa puede ser pequeño. Lo que no puede ser es nada.

Cómo lo hacen los clásicos. La lista de Anna Davis no es una moda de agencia; se cumple en novelas que conoces:

  • Juan Rulfo, Pedro Páramo. En la primera frase ya hay un personaje, un lugar (Comala) y un deseo: el narrador ha venido a buscar a su padre. Tres de las seis tareas en una línea.
  • Gabriel García Márquez, Cien años de soledad. La primera frase salta al futuro (un coronel ante un pelotón de fusilamiento) y desde ahí vuelve a un recuerdo de infancia. Plantea una pregunta que tarda cientos de páginas en responderse: cómo se llega hasta ese paredón.
  • Carmen Laforet, Nada. Primer Premio Nadal, en 1944. Andrea llega sola a Barcelona de noche, en un tren distinto del previsto, y nadie la espera en la estación. Personaje, lugar, momento y una inquietud, todo en el primer párrafo.
  • Jane Austen, Orgullo y prejuicio. La primera frase (algo así como «Es una verdad universalmente reconocida que un soltero con una buena fortuna necesita una esposa») no presenta a ningún personaje, pero marca el tono irónico y el tema de todo el libro. La tarea que cumple es la cuarta, y la cumple entera.
Infografía: las seis tareas de la primera página de una novela según Anna Davis, de Curtis Brown Creative.
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Empezar donde empieza la historia

El error más frecuente no está en la frase, sino en el punto de partida. La agente literaria Juliet Mushens, que ha formado parte del jurado del Bath Novel Award, lo describe así: hay muchos libros en los que el autor «escribe hasta llegar a la historia», y otros que parecen empezar a mitad de algo. Los primeros son la mayoría.

Les Edgerton, profesor de escritura en Estados Unidos, dedicó un libro entero a este problema: Hooked (Writer’s Digest Books). Su propuesta es que la escena inicial se construye alrededor de un suceso detonante: el hecho que le crea un problema al protagonista y pone la novela en marcha. Todo lo que va antes de ese suceso es, casi siempre, calentamiento del autor. Edgerton recomienda además que esa escena inicial sea corta: de una a cuatro páginas.

Edgerton distingue dos problemas que se abren a la vez:

  • El problema de superficie: lo inmediato, lo que hay que resolver ya (le han despedido, ha aparecido un cadáver, llega una carta).
  • El problema de fondo: lo que ese hecho remueve en el personaje y que la novela entera va a tratar (el miedo a no valer, una culpa antigua, un deseo que no se atreve a decir).

La primera página muestra el primero y deja entrever el segundo.

En una líneaCasi todo lo que escribes antes del suceso detonante es calentamiento. El lector no necesita verte calentar.

Dos ejemplos de suceso detonante en la primera frase:

  • Franz Kafka, La metamorfosis. Gregor Samsa se despierta convertido en un insecto. Es un arranque con despertar, justo el que todos los manuales desaconsejan, y funciona porque el despertar es el suceso detonante. Problema de superficie: cómo levantarse de la cama. Problema de fondo: qué vale Gregor para su familia cuando ya no puede trabajar.
  • Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada. La primera frase cuenta que a Santiago Nasar lo van a matar ese día, y que se levantó muy temprano. Otra vez un despertar, y otra vez funciona: la pregunta ya no es qué va a pasar, sino cómo y por qué nadie lo impidió.
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Los antecedentes, fuera

Edgerton señala los antecedentes (la historia previa del personaje, cómo llegó hasta aquí) como el fallo más común de los arranques. Su diagnóstico: el autor no se fía de que el lector vaya a entender la escena sin una explicación previa. Su consejo: que en la apertura no haya antecedentes, o solo los imprescindibles para que se entienda el suceso detonante.

Los antecedentes no se tiran: se reparten. Lo que el lector necesita saber de la infancia del personaje puede llegar en el capítulo 4, cuando ya le importe.

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¿Y el Quijote? Empieza con un párrafo entero de antecedentes: el lugar, la hacienda, la comida de cada día de la semana, la edad del hidalgo. Pero ese párrafo no es calentamiento: es ironía, y es la voz de un narrador que ya se está riendo de su personaje. Y en la página siguiente el hidalgo ya ha perdido el juicio con los libros de caballerías, que es el suceso detonante. Las reglas de este módulo describen lo que suele pasar en una pila de originales de hoy, no lo que es imposible. Quien se las salta con éxito sabe perfectamente que se las está saltando.
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Arranques gastados

Hay aperturas que quienes leen pilas de originales ven todos los días. No son errores gramaticales: son señales de que el autor no ha pensado dónde empieza su historia. Las que citan las fuentes de este curso:

  • El despertar. Personaje que abre los ojos, luz que entra por la cortina, despertador. Anna Davis lo cita como el cliché por excelencia; Juliet Mushens lo dijo sin rodeos en el Bath Novel Award: «No empieces con alguien despertándose. ¡Nada de despertadores!».
  • El tiempo y el paisaje sin nadie. Descripciones largas de cielo, lluvia o paisaje sin un personaje dentro.
  • El sueño. Una escena intensa que resulta ser un sueño. El lector se siente engañado en la primera página.
  • La lista de nombres. Muchos personajes nombrados de pasada, que el lector no puede retener.
  • Lo que no tiene que ver. Un arranque que no guarda relación con la historia que viene después.
  • Lo repulsivo por impacto. Anna Davis desaconseja abrir con fluidos corporales o escenas desagradables solo para llamar la atención.
Más información
Estos arranques no están prohibidos: ya has visto que Kafka y García Márquez empiezan con un despertar. Y Daphne du Maurier abre Rebeca contando un sueño, pero no engaña a nadie: la narradora dice desde la primera línea que está soñando, y el sueño sirve para presentar el lugar que va a dominar el libro. La diferencia está en si el arranque gastado es una decisión o es lo primero que te salió. En una pila de originales, si parece lo segundo, el lector se pone en guardia.
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Primer ejemplo: una novela de personaje

Este arranque está escrito para el curso. Tiene varios de los problemas anteriores. Antes de abrir las respuestas, intenta señalar cuáles.

Aquel martes Lucía se despertó antes de que sonara el despertador. Por la ventana entraba una luz gris, de esas que en Bilbao anuncian lluvia para todo el día. Se quedó un rato mirando el techo y pensando en su vida. Tenía cuarenta y dos años, llevaba once trabajando en la misma gestoría y hacía tres que se había separado de Andrés, con quien había vivido desde la universidad. Su madre siempre le decía que era demasiado prudente, y probablemente tenía razón. Se levantó, se duchó y se preparó un café.

Qué problemas tiene
  • Despertar y despertador en la primera línea, y aquí no son el suceso detonante: no pasa nada después.
  • Tiempo atmosférico antes de que pase nada.
  • Antecedentes en bloque: edad, trabajo, separación, madre. Todo explicado, nada mostrado.
  • Sin suceso detonante: al terminar el párrafo el lector no tiene ninguna pregunta.
  • Sí cumple una cosa: sitúa dónde estamos y presenta a la protagonista.
Ver una versión reescrita

El sobre llevaba el logotipo de la gestoría y el nombre de Lucía escrito a mano, con la letra de Andrés. Once años trabajando allí y era la primera vez que su exmarido le mandaba algo al despacho. Lo dejó sobre la mesa, sin abrir, y fue a por un café que no le apetecía.

Qué ha cambiado:

  • Empieza en el suceso detonante: una carta que no debería estar ahí.
  • Problema de superficie: qué hay en el sobre.
  • Problema de fondo, apenas insinuado: su relación con Andrés, y una prudencia que se ve en el gesto (no lo abre) en lugar de explicarse.
  • Los antecedentes se reducen a dos datos que el lector necesita para entender la escena (los once años, el exmarido). El resto puede esperar.
  • Bilbao, la madre y la edad no han desaparecido de la novela: se han ido a donde hagan falta.
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Segundo ejemplo: una novela de género

En novela de género, la tarea 3 de Anna Davis (dejar claro el género) pesa más: el lector de policiaca quiere saber en la primera página que está leyendo policiaca. Este arranque, también escrito para el curso, es de una novela negra.

Valladolid es una ciudad tranquila. Lo había sido siempre, desde que el subinspector Álvaro Merino llegó destinado desde Salamanca en 2009, después de un divorcio complicado y de un caso que prefería no recordar. Le gustaban sus calles anchas, el Campo Grande en otoño y el vermú de los domingos en la plaza Mayor. Sus compañeros de comisaría, Ruiz, Castaño, la agente Pilar Núñez y el comisario Beltrán, decían que era el policía más tranquilo de Castilla. Aquella mañana de noviembre, mientras se tomaba el café, sonó el teléfono.

Qué problemas tiene
  • Cuatro frases de antecedentes y ambiente antes de que pase nada.
  • Lista de nombres: cinco compañeros nombrados de pasada que el lector no puede retener.
  • El «caso que prefería no recordar» es un antecedente anunciado y escondido a la vez: el lector nota el truco.
  • El género no aparece hasta la última frase, y aparece de forma genérica (suena el teléfono).
  • Tono: «ciudad tranquila», «policía tranquilo». Para una novela negra, el tono de la primera página dice justo lo contrario de lo que el libro va a ser.
Ver una versión reescrita

La mujer del banco del Campo Grande llevaba muerta desde antes del amanecer, y alguien le había abrochado el abrigo hasta el cuello. Merino se fijó en eso antes que en nada: el último botón estaba mal abrochado, en el ojal de al lado. Quien la había dejado allí tenía prisa, o las manos frías, o no estaba acostumbrado a vestir a nadie.

Qué ha cambiado:

  • Género en la primera línea: hay un cadáver.
  • Suceso detonante: el hallazgo. Problema de superficie: quién es y quién la dejó ahí.
  • El investigador se presenta por cómo mira (se fija en el botón), no por su biografía.
  • Un solo nombre propio. Los compañeros pueden aparecer cuando actúen.
  • El lugar (Valladolid, el Campo Grande) sigue ahí, pero dentro de la escena, no antes.
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El trabajo

Ejercicio A — Diez principios de tu género. Busca diez novelas de tu género publicadas en los últimos cinco años. No hace falta comprarlas: la muestra gratuita de Amazon o la primera página en una librería bastan. Copia a mano el primer párrafo de cada una. Luego pasa la lista de Anna Davis por las diez. Vas a ver qué tareas cumplen casi todas y cuáles se saltan. Eso es lo que espera hoy el lector de tu género, y es con lo que compites.

Ejercicio B — Tu primera página, con la lista. Coge la primera página de tu novela (unas 250 o 300 palabras) y pasa las seis tareas del apartado 2. Marca las que cumple. Si faltan el personaje o el «que pase algo», empieza por ahí.

Ejercicio C — Busca el suceso detonante. Localiza en tu novela el primer hecho que le crea un problema al protagonista. Mide cuántas páginas hay antes de él. Si son más de dos o tres, el arranque probablemente está en el sitio equivocado. Escribe en una línea el problema de superficie y en otra el problema de fondo.

Ejercicio D — Subraya los antecedentes. En tu primera página, subraya cada frase que cuenta algo que pasó antes de la escena. Por cada una, pregúntate si el lector la necesita para entender lo que ocurre en esa página. Las que no, sácalas a una lista aparte y apunta en qué capítulo podrían ir.

Ejercicio E — Tres arranques. Escribe la primera página de tu novela de tres formas distintas: una que empiece en el suceso detonante, una que empiece con una línea de diálogo y una que empiece con una frase que marque el tono, como la de Austen. No elijas todavía. Dale las tres a la misma persona que hizo la prueba de la página tapada del módulo 1 y pregúntale cuál seguiría leyendo.

Más información
Anna Davis da un último consejo que conviene tener presente: no te obsesiones con la primera página mientras la novela no esté terminada. A menudo es lo último que se escribe, porque solo al final sabes de verdad de qué va el libro. Si todavía estás escribiendo el borrador, haz los ejercicios A y C y deja el resto para la revisión.
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Lecturas del módulo

Para leer

Franz Kafka, La metamorfosis

Lee solo la primera página y cuenta cuántas de las seis tareas cumple. Después mira cómo el despertar, el cliché prohibido, es aquí el suceso detonante.

Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada

Un arranque que cuenta el final en la primera frase y aun así engancha. Fíjate en cómo cambia la pregunta: de qué pasará a cómo pudo pasar.

Carmen Laforet, Nada

Lee el primer capítulo entero. Es el ejemplo en castellano más claro de un principio que sitúa, presenta y crea inquietud sin que ocurra nada espectacular. Además, ganó el primer Premio Nadal: es literalmente una primera página que pasó un filtro de concurso.

Daphne du Maurier, Rebeca

Para ver cómo un sueño puede abrir una novela sin engañar al lector.

David Lodge, El arte de la ficción (Península)

Cincuenta capítulos breves, cada uno sobre una técnica y con un fragmento de novela analizado. El primero trata precisamente del comienzo. Es el mejor manual de la escuela británica traducido al castellano, y se puede leer a trozos.

Les Edgerton, Hooked (en inglés)

El libro en que se basa el apartado 3. Si lees inglés, los capítulos sobre el suceso detonante y los antecedentes valen el libro entero.

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Fuentes

Si quieres una segunda mirada

Una primera página reescrita cambia el tono de todo lo que viene después, y es fácil que el resto del capítulo ya no encaje. Una corrección de estilo revisa el arranque y el capítulo completo para que la voz se mantenga y el texto llegue limpio a la editorial o al concurso.

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