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Tus ejercicios
Unidad 09 de 17

Proyección profesional y tarifas

Ya sabes corregir cualquier tipo de texto que te llegue. Esta unidad responde a la primera duda real de cualquiera que empieza: cómo se vive de esto, y cómo se dice el precio. Vas a ver las vías de acceso al oficio, lo administrativo de facturar, y sobre todo el caso que este curso quiere dejar claro: presupuestar a un autor autopublicado no es como presupuestar a una editorial, porque paga de su bolsillo y no tiene con qué comparar. Ahí la habilidad no es negociar: es explicar.

9 apartados proyección profesional tarifas autónomo presupuesto autor autopublicado RETA
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Las vías de acceso al oficio

Tres, y no son excluyentes; de hecho, la mayoría de los correctores en activo combinan dos:

  • Por cuenta propia, como autónomo que factura a editoriales, agencias, empresas y autores particulares.
  • Por cuenta ajena, en plantilla de una editorial, un medio, una empresa de servicios editoriales o el departamento de comunicación de una organización.
  • Mixta: un empleo estable, del sector o de fuera, más encargos propios.

La vía mixta es la más común al empezar, y conviene decirlo sin adornos: los primeros dos años como autónomo puro rara vez dan para vivir, porque la cartera de clientes se construye despacio y el ingreso es irregular por naturaleza.

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Trabajar por cuenta propia: lo administrativo

En España, empezar a facturar exige dos trámites, y el orden importa:

  1. Alta censal en Hacienda (modelo 036 o 037), donde se declara la actividad y se elige el epígrafe del impuesto de actividades económicas. Para este oficio suelen usarse los epígrafes de la sección segunda correspondientes a profesiones literarias y afines; la elección concreta conviene consultarla con una asesoría, porque condiciona el tratamiento fiscal.
  2. Alta en el RETA, el régimen de autónomos de la Seguridad Social, que hoy funciona con cuotas por tramos según los rendimientos netos previstos, y con una cuota reducida para nuevos autónomos durante los primeros meses. Los importes y las condiciones cambian cada pocos años: hay que consultar los vigentes en el momento del alta.

Obligaciones periódicas, en líneas generales: facturas numeradas y correlativas, declaraciones trimestrales de IVA e IRPF, resumen anual y declaración de la renta. Dos matices que generan muchas dudas:

  • La retención de IRPF en factura a clientes que son empresas o profesionales (con un tipo reducido durante los primeros años de actividad).
  • El IVA. Los servicios de corrección se facturan con IVA con normalidad. Hay supuestos de exención vinculados a la cesión de derechos de autor por parte de escritores y traductores, pero son supuestos acotados y no se aplican sin más a un encargo de corrección: es exactamente el tipo de decisión que se consulta con un asesor fiscal y no se resuelve por lo que se lee en un foro.

Y una recomendación que no es fiscal sino de supervivencia: lleva desde el primer día un registro de horas por encargo. Sin ese dato no sabes lo que ganas por hora, no puedes presupuestar bien (Unidad 4) y no puedes detectar qué tipo de cliente te está costando dinero.

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Herramientas, organización y contratos

Lo mínimo para trabajar en serio: un equipo fiable con copia de seguridad automática, una versión actualizada del procesador de textos con tus macros y plantillas (Unidad 6), un sistema de facturación, un calendario de plazos que puedas ver de un vistazo y una carpeta por cliente con su hoja de criterios.

Y un modelo de encargo por escrito. No hace falta un contrato solemne: basta un documento de una página que recoja lo que ya fijamos en la Unidad 4 —servicio, alcance, versión del texto, nivel de intervención, rondas, plazo, precio y forma de pago—, aceptado por correo electrónico. Con editoriales suele haber contrato propio; con autores particulares, ese documento eres tú quien tiene que proponerlo, y su ausencia es el origen de casi todos los conflictos de cobro.

En una líneaCon editoriales hay contrato. Con un autor particular, el contrato lo propones tú o no existe.

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Promoción personal

  • El currículo, en el sector editorial, importa menos que la muestra de trabajo. Prepara dos o tres fragmentos corregidos con control de cambios y su informe correspondiente, sobre textos propios o de dominio público. Nunca uses material de un cliente sin permiso explícito.
  • Una web sencilla y propia, con qué servicios prestas, para qué tipos de texto, cómo trabajas y cómo se te contrata. No hace falta más. La aplicación de lo que viste en el apartado 7 de la Unidad 8 a tu propio caso es, además, la mejor muestra de trabajo posible.
  • La especialización vende más que la disponibilidad general. «Corrijo de todo» no dice nada; «corrijo novela histórica y tengo criterio para los anacronismos de lenguaje» sí. La especialización puede ser por tipo de texto, por sector o por perfil de cliente.
  • Las pruebas de corrección que piden editoriales y agencias son la vía de entrada habitual. Se hacen con cuidado y sin sobrecorregir: es exactamente lo que evalúan.
  • Las muestras gratuitas para clientes particulares: una o dos páginas, con el nivel real de intervención, sirven a la vez para que el cliente vea lo que compra y para que tú midas el texto. Una muestra de dos páginas es promoción; un capítulo entero es trabajo sin cobrar.
  • El cliente que repite vale diez veces más que el que llega nuevo. Buena parte del trabajo de promoción consiste en que quien ya te contrató vuelva: entregar a tiempo, explicar lo que hiciste y ponérselo fácil.
  • La red profesional: colegas que te derivan lo que no pueden coger, maquetadores, ilustradores, diseñadores de cubierta. En la autopublicación, esa red es también un servicio para el cliente, que casi nunca sabe a quién más necesita.
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Trabajar por cuenta ajena y asociarse

Los empleadores habituales son editoriales (cada vez menos plantilla propia de corrección), medios de comunicación, empresas de servicios editoriales que trabajan para varias editoriales, agencias de contenidos, y departamentos de comunicación o de documentación de grandes organizaciones. Las condiciones son más estables y los aprendizajes más rápidos, porque se corrige mucho y con supervisión.

Las asociaciones profesionales aportan tres cosas concretas: formación continua, criterios comunes (incluidas encuestas y orientaciones de tarifas) y una red de colegas que es, en la práctica, la principal fuente de encargos derivados. En el ámbito español, las referencias son UniCo (Unión de Correctores), Asetrad (traductores, correctores e intérpretes) y ACE Traductores para quien trabaje también con traducción literaria; en Hispanoamérica hay asociaciones equivalentes en varios países. Merece la pena mirar lo que publican aunque no te asocies el primer año.

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Cómo se cobra

Cuatro formas de tarificar, con sus usos:

  • Por palabra. La más habitual con editoriales y agencias, y la más transparente para el cliente particular: sabe desde el principio el importe exacto.
  • Por página editorial de 2.100 caracteres con espacios. Tradicional en el sector editorial español. Ojo: no es la página del Word del autor, y esa confusión hay que deshacerla siempre.
  • Por hora. Adecuada para trabajos irregulares, revisiones, consultoría de criterios, o textos tan desiguales que no se pueden medir por volumen.
  • Por proyecto, con un precio cerrado calculado a partir de las anteriores. Es lo que mejor entiende un autor particular, y lo que más riesgo tiene si no has evaluado bien el original (Unidad 4).

Órdenes de magnitud orientativos en el mercado español, para 2026, y con todas las cautelas: la corrección ortotipográfica se mueve en cifras más bajas que la de estilo; la corrección de estilo suele situarse en torno a una o dos centésimas de euro por palabra, con variaciones grandes según dificultad, urgencia y tipo de cliente; el equivalente por página editorial ronda unos pocos euros; y las tarifas por hora del sector se sitúan en la banda de los profesionales cualificados autónomos. Consulta las orientaciones publicadas por las asociaciones y las encuestas de tarifas del sector antes de fijar las tuyas, porque son datos que envejecen.

El cálculo que de verdad importa no es el de mercado, es el tuyo. Suma tus gastos anuales (cuota de autónomos, asesoría, equipo, formación, seguros, software) y el sueldo neto que necesitas; divide entre las horas realmente facturables del año —que no son ocho al día por doscientos veinte días: son bastantes menos, porque la promoción, la gestión y los correos no se facturan—. El resultado es tu coste por hora. Cruzándolo con tu ritmo real de corrección (Unidad 6) obtienes tu tarifa por palabra mínima. Por debajo de ese número no se trabaja, aunque el mercado lo pida.

En una líneaTu tarifa no sale del mercado: sale de tus costes y de tus horas facturables reales.

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Tarifas en el mundo de la autopublicación

Aquí está la diferencia que este curso quiere dejar clara, y no es de importe: es de interlocutor.

Cuando presupuestas a una editorial, hablas con alguien que conoce el oficio, sabe qué es una corrección de estilo, tiene una partida presupuestaria para ella y va a comparar tu tarifa con la de otros profesionales. La conversación es corta porque hay un marco compartido.

Cuando presupuestas a un autor autopublicado, nada de eso existe:

  • Paga de su bolsillo, sin anticipo de nadie y sin garantía de recuperar el dinero. Setecientos euros no son una partida: son sus ahorros.
  • No tiene referencia de precio. Su única vara de medir es lo que cuesta un libro en la librería —quince o veinte euros— y lo que ha visto anunciado en plataformas donde alguien ofrece «corregir tu novela por 50 €». Comparado con eso, tu presupuesto le parece desmedido, y no porque sea caro.
  • No ve el trabajo. Un texto corregido se parece mucho a un texto sin corregir para quien no sabe mirarlo. Es el problema de fondo: está comprando algo cuyo valor no puede evaluar ni antes ni después.
  • A menudo no distingue los servicios que la Unidad 1 separaba, y cree que en el precio entra todo lo que su libro necesita.
  • Y con frecuencia tiene una expectativa de ingresos irreal, sobre la que ha hecho sus cuentas.

De ahí que la habilidad profesional aquí no sea negociar, sino explicar. Lo que funciona, en orden:

Presupuestar sobre el trabajo, no sobre el resultado. No vendas «un libro mejor»: di cuántas palabras tiene el original, a qué ritmo se corrige un texto en ese estado, cuántas horas de trabajo son y qué precio por hora aplicas. Un cliente que ve setenta horas de trabajo entiende el número, aunque le siga pareciendo mucho dinero. El número sin el trabajo detrás parece arbitrario, y lo arbitrario se regatea.

Enseñar la diferencia en su propio texto. Dos páginas corregidas con control de cambios explican tu tarifa mejor que cualquier argumento. Es la respuesta concreta al problema de que no ve el trabajo.

Desglosar por servicios y ofrecer niveles reales. El presupuesto que da una sola cifra invita a decir que no. El que separa ortotipografía, estilo y niveles de intervención (Unidad 5) permite al cliente decidir qué se puede permitir, y convierte una negociación de precio en una decisión de alcance.

Si hay que ajustar, se ajusta el alcance, nunca la tarifa. Bajar el precio por el mismo trabajo enseña al cliente que tu tarifa era inflada y te condena a repetirlo con el siguiente. Reducir el encargo —solo ortotipográfica, solo la primera parte, sin informe detallado— es honesto y sostenible.

Facilitar el pago sin financiar al cliente. Fraccionar en dos o tres plazos con un anticipo al empezar es normal y resuelve muchos noes. Cobrar al final, entero y a la entrega, es cómo se pierde dinero.

Ser explícito con lo que el precio no incluye, y decirlo antes: la maquetación, la cubierta, el ISBN, la subida a la plataforma, la promoción. Que descubra después que necesita cuatro cosas más, ninguna avisada, es lo que convierte una buena corrección en una mala experiencia.

Y saber decir que no. Habrá autores que no pueden pagar lo que cuesta el trabajo. La respuesta profesional no es trabajar por debajo de coste ni hacer media corrección al precio de una entera: es explicar con claridad qué se puede hacer con el presupuesto que hay, y si no hay encaje, recomendar de buena fe qué podría hacer por su cuenta mientras tanto. Un no bien dado deja mejor recuerdo que un sí resentido, y ese autor vuelve con el segundo libro.

En una líneaAl autor que paga de su bolsillo no hay que convencerlo del precio: hay que enseñarle qué se compra con él.

Una última cosa, que no es táctica: el respeto con el que se explica un precio forma parte del servicio. El autor que pregunta por qué cuesta tanto no está regateando en la mayoría de los casos; está intentando entender algo que nadie le ha explicado nunca. Tratarlo como un cliente difícil es perderlo por un malentendido.

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Para seguir leyendo

Para seguir leyendoDe tarifas, Tarifadoras y artrópodos traductoresVasos Comunicantes, revista de ACE Traductores · mayo de 2025

Profesionales en activo discutiendo qué les sale cuando calculan su tarifa desde sus propios costes con La Tarifadora, la herramienta que ACE Traductores y UniCo hicieron para eso. Es la unidad puesta a prueba con números de verdad: nadie copia una cifra de una tabla, cada uno parte de lo que le cuesta trabajar y llega a la suya. Incómodo de leer, y por eso vale.

Artículo · unos 15 minutos · acceso libreLeer (se abre en una pestaña nueva)
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Cierre de la unidad

La proyección profesional del corrector se sostiene sobre dos cosas que se construyen despacio: un oficio que se demuestra en cada entrega y una manera de tratar a los clientes que hace que vuelvan. Las tarifas no son un número que se copia de una tabla: salen de tus costes, se defienden con datos y se explican con respeto. En el mercado que describía la Unidad 1, quien sabe hacer eso último tiene tanta ventaja como quien conoce la norma.

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