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Unidad 05 de 17

Niveles de intervención y la sobrecorrección

En la unidad anterior conociste a Juan y su libro de memorias, y dejamos pendiente una pregunta: ¿qué pasa si el corrector interviene más de lo que el texto pedía? Aquí volvemos a él con tres correcciones distintas de la misma frase, para ver en carne propia lo que es sobrecorregir —cambiar todo lo que se puede defender uno por uno, hasta que el texto queda bien y deja de ser suyo. Es, junto con la anterior, la parte del curso que enseña algo que la norma no enseña.

11 apartados niveles de intervención sobrecorrección sobrecorregir voz del autor infracorrección criterio del corrector
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La decisión que se toma una vez y condiciona todo

Antes de corregir hay que decidir cuánto se va a intervenir. No es una decisión que se tome sobre la marcha, párrafo a párrafo, según lo que uno vaya encontrando: es una decisión previa, acordada con el cliente, que fija el listón para las trescientas páginas siguientes.

Si no la tomas tú de forma consciente, la toma tu instinto por ti, y el instinto de alguien que acaba de estudiar la norma es intervenir en todo lo que se aparte de ella. Ahí empiezan casi todos los problemas de esta unidad.

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Los tres niveles de intervención

SuperficialMedioProfundo
En qué consisteOrtografía, ortotipografía, puntuación, erratas, concordancias, unificación de criteriosTodo lo anterior más redacción: frases confusas, repeticiones, ambigüedades, conectores, orden de la fraseTodo lo anterior más reorganización: párrafos, orden de la información, cortes y fusiones, ajustes de registro
Qué no tocaLa redacción; solo el errorLa estructura; se respeta el orden del autorLa voz y el contenido; sigue sin ser reescritura
Cuándo se aplicaTexto ya editado, con oficio detrás, o segunda pasada tras otra correcciónEl caso más frecuente: texto correcto de fondo pero sin pulirOriginal sin edición previa, muy irregular, o con un destinatario muy exigente
Huella en el textoBaja: el autor casi no nota diferencia al leerseMedia: reconoce su texto, mejor dichoAlta: reconoce lo que quería decir, no siempre cómo lo dijo
Riesgo principalQuedarse corto y entregar un texto que sigue sin funcionarDeslizarse hacia el nivel profundo sin haberlo acordadoSobrecorregir

Tres precisiones sobre la tabla, que en los temarios suele faltar:

  • Ningún nivel incluye reescribir. Ni el profundo. La frontera entre corrección de estilo y escritura por encargo, que se fijó en la Unidad 1, no se mueve por subir de nivel.
  • El nivel se pacta y se pone en el presupuesto. Con el nombre y con una descripción de qué implica, porque «corrección profunda» no significa nada para quien no es del oficio.
  • El nivel se puede renegociar, no ampliar por tu cuenta. Si a las cincuenta páginas ves que el texto necesita más de lo acordado, se para y se habla. No se entrega un nivel profundo cobrado como medio, ni siquiera como regalo: sobre todo, no como regalo.

En una líneaEl nivel se pacta, se escribe y se puede renegociar. Lo que no se puede es ampliarlo por tu cuenta.

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Cómo se elige el nivel

Cuatro entradas, todas ellas ya recogidas en la evaluación previa de la Unidad 4:

  1. El estado real del original. Un texto con problemas de estructura no se arregla con nivel superficial, por mucho que sea lo que se ha presupuestado.
  2. El destino del texto. Un libro que va a venderse en librerías aguanta menos irregularidad que uno que se imprime para treinta personas. Una web corporativa, menos todavía.
  3. El perfil y el propósito del autor. El punto que desarrolló la Unidad 4 y que aquí se convierte en criterio operativo.
  4. El plazo y el presupuesto. No es una consideración menor ni deshonesta: un nivel profundo mal pagado se ejecuta mal, y un nivel profundo apresurado es la vía directa a la sobrecorrección, porque la prisa fuerza a aplicar soluciones automáticas.
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Qué es la sobrecorrección

Sobrecorregir es intervenir más allá de lo que el texto necesita, sustituyendo el criterio del autor por el del corrector en decisiones que no eran errores.

La palabra clave es decisiones. Sobrecorregir no consiste en equivocarse: casi todos los cambios de una corrección sobrecorregida son defendibles uno por uno. El problema no está en ninguno de ellos, está en el conjunto: al final del proceso, el texto está bien y no es del autor.

Formas concretas en que aparece:

  • Convertir lo preferible en obligatorio. Hay usos incorrectos y hay usos que a ti te gustan menos. Corregir los segundos como si fueran los primeros es la forma más común y la más difícil de ver desde dentro.
  • Nivelar la sintaxis. Partir todas las frases largas, unificar la longitud de los párrafos, ordenar todos los elementos en sujeto-verbo-complemento. El texto queda legible y plano, sin nada que lo distinga.
  • Cazar repeticiones sin criterio. Sustituir por sinónimos palabras que se repetían a propósito, o que simplemente eran la palabra exacta. El vicio de la «elegante variación», que la Unidad 2 ya apuntaba.
  • Estandarizar el léxico. Cambiar giros regionales, palabras de uso familiar o términos del habla del autor por sus equivalentes neutros de diccionario.
  • Eliminar las marcas de oralidad en textos que las tienen a propósito: diálogos, memorias, testimonios, blogs, guiones.
  • Corregir la voz de un personaje para que hable correctamente. Si un personaje es un adolescente o un albañil de 1950, no habla como la Ortografía.
  • Añadir precisión donde había intención. Explicitar lo que el autor dejaba sugerido. En literatura, eso no es aclarar: es desactivar.
  • Reordenar la información en un nivel medio que se acordó como medio.
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Por qué le pasa sobre todo a los correctores nuevos

No es falta de talento. Es una consecuencia lógica de cómo se aprende el oficio, y conviene entenderla para poder contrarrestarla.

Porque acabas de estudiar la norma y la tienes fresca. Cuanto más reciente es el conocimiento, más se aplica. Un corrector con veinte años de oficio no sabe menos: sabe además cuándo no hace falta.

Porque los cambios son visibles y la contención no. Un documento devuelto con mil marcas parece trabajado; uno con doscientas parece que no te has esforzado. Es una presión real, sobre todo cuando el cliente paga por primera vez y no sabe valorar el trabajo de otra manera. Se contrarresta con el informe de corrección: si explicas qué has decidido no tocar y por qué, la contención pasa a ser visible.

Por miedo a que te reprochen lo que dejaste pasar. Es más fácil imaginar la queja «esto se te ha escapado» que la queja «me has cambiado el libro». La primera llega por correo al día siguiente; la segunda no llega nunca, porque el autor no sabe ponerle nombre. Solo se nota en que no vuelve a llamarte.

Porque el gusto propio se disfraza de criterio técnico. Todos tenemos una idea de cómo debería sonar una frase, y esa idea se puede argumentar siempre. Argumentar no es lo mismo que tener razón.

Porque un texto flojo invita a arreglarlo. Cuando el original está lejos de lo que tú escribirías, la tentación de acercarlo es constante. Y es exactamente donde más daño se hace, porque los textos flojos suelen ser los de autores que no tienen defensas para discutirte nada.

En una líneaLos cambios se ven y la contención no. Por eso hay que escribir lo que decidiste no tocar: si no se escribe, no existe.

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Juan, otra vez: la misma frase, tres correcciones

Volvemos al perfil ilustrativo de la Unidad 4 —Juan, jubilado, memorias familiares para treinta ejemplares, ejemplo inventado con fines didácticos— y a un fragmento igualmente inventado, escrito con los rasgos típicos de ese tipo de original:

Original de Juan
Mi padre era un hombre callado, de esos que no dicen nada en toda la comida y luego te dicen la única cosa que te vas a acordar toda la vida, y yo entonces era pequeño y no lo entendía, pero ahora sí, ahora que ya no está y que llevo yo la casa que llevaba él.
Corrector B · corrección ajustada
Mi padre era un hombre callado, de esos que no dicen nada en toda la comida y luego te sueltan la única cosa que te vas a acordar toda la vida. Yo entonces era pequeño y no lo entendía, pero ahora sí, ahora que ya no está y que llevo yo la casa que llevaba él.
Corrector C · sobrecorregida
Mi padre era un hombre callado. Pertenecía a esa clase de personas que permanecen en silencio durante toda la comida y después pronuncian la única frase que uno recordará el resto de su vida. Yo era entonces un niño y no lo comprendía. Ahora sí, cuando él ya no está y soy yo quien lleva la casa que antes llevaba él.

Las marcas las calcula el propio curso comparando cada corrección con el original: lo tachado en rojo es lo que ese corrector quitó, lo subrayado en verde lo que puso. Míralas seguidas y la diferencia salta sola: B toca cuatro sitios y C reescribe el párrafo entero.

La diferencia entre B y C no es de conocimiento. Los dos sabían lo mismo. La diferencia es que B había hecho las preguntas de la Unidad 4 y sabía que ese libro no aspiraba a ser literatura, sino a sonar a su autor.

En una líneaLa distancia entre corregir y sobrecorregir no la marca lo que sabes: la marca si preguntaste para qué existe ese texto.

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Cómo se evita en la práctica

La pregunta de control, en cada cambio que no sea normativo: ¿esto estaba mal o es que yo lo diría de otra manera? Si la respuesta es la segunda, el cambio no se hace; a lo sumo, se comenta.

Toca lo mínimo que resuelve el problema. Si un anacoluto se arregla cambiando un verbo, no se reescribe la frase. Si un párrafo confuso se aclara moviendo una coma, no se reordena.

Corrige en el registro del autor, no en el tuyo. Cuando haya que sustituir algo, la sustitución tiene que pertenecer al mismo nivel de lengua que rodea a la palabra. Es la regla que separa a B de C, y la más difícil de aplicar.

Convierte los cambios repetidos en criterio explicado. Si vas a unificar algo en todo el libro, dilo una vez en el informe en vez de justificarlo ochenta veces. Y si un rasgo del autor se repite y no es un error, decide una vez que se queda, y no vuelvas a plantearte lo mismo cada veinte páginas: la fatiga es una de las grandes causas de sobrecorrección tardía.

Deja reposar y relee tus propios cambios en frío, sin mirar el original. Si al leer solo tu versión no reconoces la voz que había, has ido demasiado lejos.

Ante la duda real, pregunta. Un comentario que dice «esta repetición parece intencionada; la dejo, pero dime si prefieres variarla» cuesta diez segundos y devuelve la decisión a quien le corresponde.

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El vicio contrario, que también existe

Todo esto no autoriza a no corregir. La infracorrección —entregar un texto con los problemas que el cliente pagó por resolver, por miedo a intervenir— es un fallo profesional igual de grave, y en la práctica se disfraza de respeto al autor.

La frontera es sencilla de enunciar y difícil de aplicar: se corrige todo lo que impide que el texto funcione para su lector; no se toca lo que solo lo diferencia de como lo escribirías tú. Un anacoluto que hace tropezar al lector se arregla aunque sea «la voz del autor». Un giro coloquial que se entiende perfectamente se queda aunque no sea el registro estándar.

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Ejercicio

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Para seguir leyendo

Para seguir leyendoLa sobrecorrección sin estiloN. Scheines · blog «De la ortografía y otros demonios», 2011

Correctores argentinos sobre hasta dónde respetar una grafía o un giro que tú no habrías elegido. Baja la discusión de esta unidad al nivel de la palabra suelta —el caso de garaje frente a garage— y cierra citando el cuento «Corrección», de Juan Villoro, donde un texto acaba irreconocible.

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Cierre de la unidad

El nivel de intervención es lo que convierte la corrección en un servicio definible en lugar de una impresión personal. Y la sobrecorrección es la enfermedad profesional del corrector competente: no la comete quien sabe poco, la comete quien sabe bastante y todavía no ha aprendido a administrarlo. El objetivo no es un texto que demuestre lo que tú sabes, es un texto que funcione y que su autor siga reconociendo como suyo.

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