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Tus ejercicios
Unidad 02 de 17

Comunicación eficaz

Ya sabes qué es corregir y hasta dónde llega tu trabajo. Ahora hace falta el criterio con el que vas a juzgar cualquier texto que te llegue: cuatro propiedades —adecuación, coherencia, cohesión y corrección— que explican por qué un texto sin una sola falta de ortografía puede seguir sin funcionar. Es la base conceptual de todo lo que viene después, y sin ella corregir se reduce a aplicar manías propias.

7 apartados adecuación coherencia cohesión corrección progresión temática lenguaje claro
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Corregir no es cazar errores

La imagen popular del corrector es la de alguien que va marcando faltas con bolígrafo rojo. Esa imagen describe una parte pequeña del trabajo y, además, la menos difícil.

Un texto puede no tener una sola falta de ortografía y seguir sin funcionar. Las frases están bien construidas una a una, pero no se sabe qué se quiere decir con ellas; el orden de los párrafos obliga al lector a retroceder; el tono es de informe técnico y el destinatario es un adolescente. Nada de eso aparece subrayado en rojo por ningún procesador de textos, y todo eso es exactamente lo que un corrector de estilo tiene que ver.

El objeto de la corrección no es la frase: es el texto. Y un texto es un acto de comunicación con un emisor, un destinatario y un propósito. Funciona cuando ese propósito llega a ese destinatario. No funciona cuando no llega, aunque cada oración sea impecable por separado.

2

Las cuatro propiedades del texto

Un texto se sostiene sobre cuatro propiedades. Sirven como rejilla de diagnóstico: cuando algo «suena mal» y no sabes por qué, casi siempre está fallando una de estas cuatro, y nombrarla es el primer paso para arreglarla.

Adecuación

Es el ajuste del texto a su situación comunicativa: al destinatario, al propósito, al canal y al grado de formalidad que corresponde. Un texto adecuado usa el registro que su lector espera y entiende.

Fallos típicos de adecuación:

  • Registro desajustado. Un manual de instrucciones para el gran público redactado con la sintaxis de una tesis doctoral. O al revés: un informe dirigido a un cliente corporativo escrito con el desenfado de un blog.
  • Tratamiento inconsistente. El texto empieza tuteando al lector y a mitad de camino pasa al usted, o alterna sin criterio entre los dos.
  • Jerga innecesaria. Terminología especializada empleada ante quien no la domina, sin explicarla, cuando existía una alternativa común.
  • Variedad geográfica mezclada. Un texto que combina usos peninsulares y americanos sin que haya una razón para ello.

La adecuación no se corrige por gusto, se corrige contra un dato: quién va a leer esto y para qué. Si no tienes ese dato, tu criterio de adecuación es una suposición (volveremos a esto en el punto 4).

Coherencia

Es la unidad de sentido: que el texto trate de algo, que la información avance en un orden que el lector pueda seguir, que no se contradiga y que no le falte ni le sobre información para cumplir su propósito.

Fallos típicos de coherencia:

  • Digresiones. Un párrafo que abandona el tema y no vuelve, o que vuelve tres páginas después.
  • Saltos de información. El texto da por sabido algo que el lector no puede saber todavía, porque se explica más adelante o no se explica nunca.
  • Contradicciones internas. Un dato que aparece de dos formas distintas en dos capítulos. Muy frecuente en textos escritos a lo largo de mucho tiempo.
  • Desequilibrio. Un apartado secundario ocupa el triple que el central.

Cohesión

Es la trabazón formal entre las partes: los mecanismos concretos que enlazan una frase con la siguiente y un párrafo con el siguiente. La coherencia es del sentido; la cohesión, de la superficie del texto. Los mecanismos principales son:

  • La referencia. Pronombres, demostrativos y posesivos que remiten a algo ya dicho. Fuente inagotable de ambigüedad:

El director habló con el editor de su libro. → ¿De quién es el libro?

Aquí no hay falta ninguna: hay una frase que obliga a adivinar. La solución no siempre es reescribir a lo bruto; a veces basta con reordenar o con nombrar de nuevo al referente.

  • La sustitución léxica. Sinónimos, hiperónimos y perífrasis para no repetir la misma palabra. Con una advertencia: la sustitución forzada produce el vicio contrario, el de llamar al perro «el can» y «el cuadrúpedo» en tres líneas. Repetir una palabra cuando es la palabra exacta no es un error.
  • La elipsis. Callar lo que ya se sobrentiende. Bien usada, agiliza; mal usada, deja frases sin sujeto identificable.
  • Los conectores. El mecanismo de cohesión más visible, y el que más trabajo da al corregir. Se tratan a fondo en la Unidad 3, junto con la puntuación, porque en la práctica son el mismo problema.
  • La concordancia temporal. Que el sistema verbal del texto se sostenga: que una narración en pasado no salte al presente sin motivo, o que lo haga siempre con el mismo criterio.

Corrección

Es el ajuste a la norma: ortografía, gramática, léxico, ortotipografía. Es la propiedad más objetiva de las cuatro y la que más fácilmente se automatiza en parte, y por eso mismo la que menos define a un buen corrector. Se da por supuesta.

Conviene tener presente que la norma tiene grados: hay usos incorrectos, usos desaconsejados, usos válidos pero marcados y usos que sencillamente admiten dos soluciones. Confundir «no es la opción que yo prefiero» con «está mal» es el origen de buena parte de la sobrecorrección, que se trata en la Unidad 5.

En una líneaAdecuación, coherencia, cohesión y corrección, en ese orden: hay poco que ganar puliendo comas en un texto que todavía no sabe a quién habla.

3

Las estructuras de la redacción

Un texto bien estructurado no obliga al lector a reconstruir el orden por su cuenta.

El párrafo es la unidad de trabajo. Un párrafo desarrolla una idea: la enuncia, la desarrolla y la cierra o la enlaza con la siguiente. Dos síntomas opuestos, ambos frecuentes en manuscritos sin editar:

  • Párrafos de dos páginas donde conviven cuatro ideas que deberían ir separadas.
  • Párrafos de una línea, encadenados, que fragmentan un razonamiento continuo y dan al texto un aire entrecortado.

En los dos casos la intervención es de estructura, no de redacción, y por tanto hay que consultarla con el autor si afecta al ritmo buscado. Un novelista puede estar haciendo eso a propósito. Alguien que escribe su primer libro, casi nunca.

La progresión temática describe cómo avanza la información de frase en frase. Hay tres patrones básicos, y un texto sano los alterna:

  • De tema constante: se habla de lo mismo y se van añadiendo datos nuevos.
  • Lineal: lo nuevo de una frase se convierte en el asunto de la siguiente.
  • Derivada: un tema general se despliega en subtemas sucesivos.

Cuando un texto se lee con esfuerzo y no hay ningún error localizable, muchas veces el problema es que la progresión se rompe: cada frase introduce un asunto nuevo sin recoger nada de lo anterior.

En una líneaCuando un texto cansa y no hay ningún error que señalar, casi siempre es que cada frase empieza de cero.

Los patrones de organización más habituales son la secuencia cronológica, la estructura deductiva (de lo general a lo particular), la inductiva (al revés), la de problema-solución, la de causa-efecto y la comparativa. No hay que imponerlos: hay que detectar cuál está usando el autor y comprobar que lo mantiene. La mayoría de los problemas de estructura no son de elección, sino de abandono a mitad de camino.

4

Contextualizar antes de corregir

No se puede juzgar la adecuación de un texto sin saber a qué situación tiene que adecuarse. Antes de tocar nada, hay cinco cosas que necesitas saber, y si el encargo no te las da, se preguntan:

  1. Quién escribe y con qué autoridad o voz. No es lo mismo corregir la voz de una marca que la de una persona.
  2. Para quién. Perfil real del lector: qué sabe ya, qué vocabulario maneja, qué espera encontrar.
  3. Para qué. Informar, convencer, vender, enseñar, entretener, dejar constancia. El propósito decide qué es una mejora y qué es un capricho.
  4. Dónde se va a leer. Papel, pantalla, móvil, en voz alta. El canal cambia la longitud de párrafo tolerable, el uso de subtítulos y hasta la puntuación.
  5. Con qué restricciones. Extensión máxima, libro de estilo del cliente, terminología obligatoria, plazos.

Estas preguntas reaparecen en la Unidad 4 como parte de la evaluación de materiales, ya convertidas en procedimiento de trabajo con el cliente. Aquí interesan como criterio: sin contexto no hay corrección de estilo, hay opinión.

5

Comprensibilidad y lenguaje claro

El movimiento del lenguaje claro parte de una idea sencilla: un texto está bien escrito cuando su destinatario lo entiende a la primera lectura, y la carga de esa comprensión recae en quien escribe, no en quien lee. Nació en el ámbito administrativo y jurídico —donde la oscuridad tiene consecuencias reales— y hoy es un criterio transversal.

Las palancas concretas, en orden de rendimiento:

  • Una idea por frase. La media razonable ronda las veinte o veinticinco palabras por oración; lo importante no es el número, sino que no haya tres subordinadas encajadas una dentro de otra.
  • Sujeto, verbo y complementos, en ese orden, salvo que haya un motivo para alterarlo. Y el sujeto cerca de su verbo: los incisos largos entre ambos son el principal generador de frases que hay que releer.
  • Verbos en lugar de nominalizaciones. «Proceder a la realización del análisis» es «analizar». La nominalización infla el texto y borra al agente.
  • Voz activa por defecto. La pasiva es legítima cuando el agente es irrelevante o desconocido; no cuando se usa para esconderlo.
  • Nada de dobles negaciones ni de perífrasis de cortesía acumuladas.
  • Listas y subtítulos cuando la información es enumerable. Un párrafo de ocho elementos separados por comas es una lista mal maquetada.

Un ejemplo del efecto combinado:

Antes: No se descarta que, en el supuesto de que no fuera posible la realización de la entrega en el domicilio indicado por el usuario, se proceda a la devolución del envío al centro logístico de origen. Después: Si no podemos entregar el paquete en la dirección que nos indicaste, lo devolveremos al almacén de origen.

Treinta y ocho palabras contra dieciocho, sin perder nada de lo que se dice.

Nada de esto hay que sostenerlo de memoria ni defenderlo a pulso. La obra de referencia en español es la Guía panhispánica de lenguaje claro y accesible (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Espasa, 2024; ficha en rae.es). Es reciente, es panhispánica y tiene una virtud que no es menor para un corrector: explica el lenguaje claro con lenguaje claro, y cada recomendación viene con el motivo detrás, que es lo que te hará falta cuando un cliente te pregunte por qué cambias algo que a él le parecía bien.

Ahora, la contrapartida, porque este criterio tiene un límite y conviene fijarlo ya: el lenguaje claro es un criterio de comunicación, no un estilo obligatorio para todo texto. Aplicado sin juicio a una novela, a un ensayo o a un texto publicitario, arrasa precisamente aquello que hace al texto valioso. Una frase larga y sinuosa en literatura puede ser exactamente la frase que el autor quería escribir. La comprensibilidad se persigue cuando el propósito del texto es que se entienda algo; no cuando el propósito es otro.

En una líneaLa claridad no es una virtud del texto: es una obligación hacia un lector concreto. Cambia el lector y cambia lo que hay que hacer.

6

Para seguir leyendo

Para seguir leyendoGuía panhispánica de lenguaje claro y accesibleRAE y ASALE · Espasa, 2024

Lo que esta unidad llama adecuación y comprensibilidad, tratado por las academias con 196 páginas de casos reales de la Administración, la empresa, el consumo y la medicina. Sirve para ver el primer peldaño de la escalera de diagnóstico —¿a quién habla este texto?— desarrollado con la extensión que aquí no cabe. No es una lectura de una tarde: es una obra de consulta, y conviene entrar por el capítulo que corresponda al encargo que se tenga delante.

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Cierre de la unidad

Las cuatro propiedades funcionan como una escalera de diagnóstico: primero se comprueba si el texto se dirige a quien dice dirigirse (adecuación), luego si dice algo con orden (coherencia), luego si las piezas encajan (cohesión) y por último si respeta la norma (corrección). El orden importa: arreglar comas en un texto que no sabe a quién habla es dedicar el tiempo al último peldaño.

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